miércoles, 1 de febrero de 2017

Carta de despedida 2013 - y V



Viene de otra entrada...

He aprendido mucho, muchísimo de la vida, de la muerte, de las fronteras, de las despedidas. He aprendido y sentido que acompañar a alguien en el tránsito al otro lado es un gran honor y es un momento sagrado que me gusta respetar y hacer que se respete, por la familia y por el personal sanitario; esta energía la he sentido con la misma intensidad en el nacimiento y como creo que los extremos se tocan, decido que ahora quiero estar en el otro extremo. 

Quiero estar en las bienvenidas, quiero acompañar a las familias en el momento en que se forman, surgen, se crean, se descubren. Quiero poder honrar y dar el espacio para que los seres que llegan a este mundo lo hagan desde el respeto que se merecen, desde el amor y no desde el miedo. Si nacen en el hospital, estaré encantada de volver a él para explicar a los padres cuales son las “normas” en este lugar y ayudarles a que se respete ese momento especial y sagrado.

A lo largo del tiempo me he ido preguntando muchas cosas acerca del sentido de la vida, de la muerte, de las relaciones y he hecho muchas hipótesis y he estudiado infinidad de teorías y la que ahora mismo me cuadra más es la de que el amor es la fuerza que todo lo puede, que si las madres y los pacientes en general son amados y respetados podrán criar a hijos sanos que cuiden y respeten y podrán recuperar más fácilmente su salud, los pacientes que la han perdido, y este es el gran trabajo para los profesionales de la salud, recuperar la humanidad, recuperar el trato con otro ser humano desde el respeto y el apoyo y el amor para los demás tanto otro como para ellos mismos.

Por todo esto quiero dar las GRACIAS, primero a todos los pacientes con los que he compartido tantas horas y que tanto me han enseñado de la vida, de las relaciones, de la muerte y que me han permitido estar en sus vidas y acompañarles en parte del trayecto.

Después dar las gracias a todos los médicos que han confiado en mi trabajo y en el trabajo de mi equipo, muchas veces pudiendo colaborar y otras confiando ciegamente en lo que íbamos a hacer con el paciente porque soy consciente de que nuestro trabajo es difícil de valorar y de entender desde la perspectiva del médico y que el trabajo en equipo todavía esta poco depurado.

Muchas gracias a todas las enfermeras que siempre nos han respetado y trasmitido toda la confianza y con las que hemos podido colaborar muy estrechamente, que siempre han sabido detectar muy rápido cuando un paciente podía beneficiarse de nuestra ayuda y nos han llamado.

A todo el personal a Celina, Blanca, Meli, Hector, a las data… por siempre estar ahí, por siempre buscar un rato para escucharme, por hacerme terapia (Hector), por ayudarnos con todas las gestiones.

Muchas gracias a la dirección del hospital por haber hecho posible que siguiéramos aquí, aunque seamos una realidad “fantasma”, somos una realidad que ayuda y ha ayudado a que el Servicio de Oncología Médica sea mejor y la Calidad del Servicio sea mucho mejor y que tantos y tantos pacientes se hayan podido beneficiar de nuestro apoyo


Gracias a mi gran equipo, a Almudena, Anhara, Natalia, Laura…. y tantos alumnos (más de 60) que han pasado por aquí y se han implicado dedicando su tiempo muchas veces desinteresadamente. A ellas por estar a mi lado sosteniéndome, apoyándome en mi trabajo, no dejando que me hundiera, sirviendo de sostén. Creo que si no hubiera sido por el ambiente del despacho, por ese ambiente que hemos conseguido crear entre todas desde la confianza, el respeto, el compartir, sin eso no hubiera podido estar tanto tiempo, ni hubiéramos podido atender a tantos pacientes ni enseñar a tantos alumnos.

Y por supuesto muchísimas gracias al jefe, mi padre, que me abriste la puerta para entrar aquí a hacer prácticas y que siempre has creído que nuestro trabajo es importante. Muchas gracias por estar ahí, por creer en lo que se puede hacer desde el lugar más humano que siempre has ejercido y que he aprendido de ti. Muchas gracias por enseñarme a no rendirme, a buscar siempre otra solución a los problemas, a estudiar infatigablemente por encontrar nuevas respuestas, por enseñarme a no conformarme con la primera opción, por siempre tener la ilusión y la esperanza de que las cosas pueden ir bien, aunque nadie más lo crea, que las estadísticas pequeñas, también tienen opción de existir y de vivir (soy vivo ejemplo de ello). Gracias por enseñarme esa manera tan especial de trasmitir confianza, tanto a los pacientes, como a los equipos y gracias por tantas cosas … y por confiar en mi aunque algunas veces, lógicamente, no me entendieras.

De momento aquí lo dejo deseando que algo de lo trasmitido aquí llegue a los que me han acompañado en mi camino durante este tiempo y muchas gracias a todos ellos, todos vosotros por haber estado ahí, por haber sonreído en algún momento, por haber hecho algún favor, una llamada, una petición, una derivación.

Muchas gracias y para lo que queráis, aquí estoy, para compartir experiencias, o simplemente comentar alguna anécdota.



Un abrazo y hasta siempre.

Fabiola Cortés-Funes Urquijo

Durante mucho tiempo psicóloga del Servicio de Oncología Médica del Hospital 12 de Octubre de Madrid.

Carta de despedida 2013 - IV

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A ver, que me pierdo…

Bueno estaba en la despedida y en lo que para mi ha significado este tiempo, estos 17 años en los que he crecido, me he casado, he madurado, he tenido hijos, he estudiado…. Y sí, tantas cosas han pasado en mi vida mientras una parte de mi vida estaba en el hospital! Una de las más importantes ha sido tener a mis hijos, que ¿cómo no?; nacieron en el hospital, ¿dónde si no? Es en ese momento donde todo tu mundo se junta, donde tu familia viene a acompañarte y a verte a “tu casa” (bueno ya sabéis que parte de mi familia también pertenece a “esta casa”), donde tú te sientes tranquilo, cómodo, confiado, seguro y tu familia no entiende nada, te preguntan qué pasa, qué hacen esos, porque los otros… y tu empiezas a traducirles, a explicarles, a tranquilizarles (como haces con los pacientes). Es difícil saber dónde están las fronteras, donde la vida privada.

Durante todo este tiempo he visto a muchos profesionales que disfrutan de su trabajo y de luchar con el paciente, pero también he visto otros profesionales sufriendo mucho, muy confundidos, porque en su trabajo, en el hospital se encontraban bien, cómodos, reconocidos, útiles, alegres, poderosos y en sus casas, con sus familias, las cosas no marchaban tan bien o no se sentían comprendidos, escuchados, respetados; sentían que ahí no se les reconocía todo su esfuerzo, que nadie veía lo que hacían en su trabajo, ni lo que sufrían, ni lo que se esforzaban, ni lo que sacrificaban (aunque muchas veces lo disfruten). Pero ¿cómo lo va a entender desde fuera del hospital? ¡ESTO NO SE ENTIENDE! A mí me ha pasado desde los dos lugares. No entenderlo desde casa y no sentirme entendida, desde dentro. Y con esto se sufre mucho. Porque además los profesionales de la AYUDA (médicos, enfermeras, auxiliares, psicólogos y demás), no somos muy buenos en PEDIR AYUDA. Pero esto es tema para un tratado aparte, pero tremendamente serio y URGENTE.

También he visto muchos profesionales enfermar físicamente (y no voy a analizar la relación con lo anterior aunque creo que existe) y no entenderlo. Uno cree que si decide estar en un “lado” de la mesa, el otro “lado” no es una posibilidad, como si uno estuviera vacunado, y cuándo esto llega, es muy duro. Y ahí lo único que queda es que por lo menos “uno está en casa”.

Otra de las cosas que he aprendido en este mundo (ya ha subido de categoría, ya no es el hospital, ahora es un mundo) es acerca de las FRONTERAS que existen y cuál es el lugar de cada uno. En este mundo, tan grande y tan especial, donde trabajan más de 7000 personas y muchísimos voluntarios, cada uno tiene su sitio, para que todo funcione. Es como otras organizaciones grandes donde uno se puede jugar la vida, es como el ejército en muchas cosas: muchos van de verde, unos limpian, otros organizan, otros son los que llevan y traen cosas, otros los que cocinan, otros los que llevan la comida, y luego en diferentes categorías los que cuidan y los que curan, y por ahí andamos algunos psicólogos que tratamos de cuidar a todos y no curar a nadie. En la consulta he visto a muchas personas que trabajan en la casa y que nos han consultado por muy diferentes motivos y así he conocido muchas de las cosas que pasan en el hospital.


Y después de 17 años de “vivir” o “sobrevivir”, según el día, en el hospital 12 de octubre (bueno cuando empecé era el 1º de Octubre), en oncología, mucho tiempo en la planta 10 del edificio Materno-Infantil. Después de haber visto muchos, muchos pacientes, hijos, padres, madres, cuñadas, abuelos, vecinos…. Después de haber estado al lado de los pacientes en las habitaciones, en la sala de espera, en el hospital de día, en el tanatorio, en la cafetería, en el despacho, en el pasillo, en el suelo, en el cuarto de baño, en el ascensor, sentados en la acera y hasta en el paritorio… después de todo esto he decidido que quiero pasarme a LA VIDA CIVIL, que quiero hacer mi vida fuera de las puertas de este lugar, que quiero quitarme la bata, que quiero entender a la gente que dice que la vida del hospital es muy dura, porque sí, ES MUY DURA. Quiero poder respirar todos los días el ambiente de fuera, quiero ir al hospital solo de visita y espero que NUNCA a la sala de espera.

Continua en la entrada siguiente...

Carta de despedida 2013-III

Continuación de la entrada anterior...

En este tiempo también he podido ser testigo y a veces también participar, de este mimetismo con este lugar, este estar dentro y no saber salir. Pero ¡como no va a ser así si dentro del hospital se nace, se muere, se come, se cena, se duerme, se celebran bodas, funerales, se pasa la Navidad y hasta la Pascua de Resurrección!. Muchas de las cosas que pasan son de vida o muerte y por eso los de fuera no se meten, porque lo que pasa en el hospital “es muy importante” y a veces “muy urgente”. Esto también nos lleva a tener una vivencia del tiempo algo particular. Del tiempo siempre se habla en el hospital, de hecho toda la vida gira alrededor de “las citas”. Me acuerdo el tiempo en el que a los pacientes no se les daba hora, solo día. 

Para los pacientes, su vida es todo lo que va de cita a cita y a veces ni eso, porque pareciera que suspenden su vida, hasta que todo esto “termine”, hasta que no haya más citas, hasta que se “despierten de la pesadilla”, sin saber que por lo que se lucha desde el hospital es porque lleguen a tener el mayor número de citas posibles a lo largo de los años, eso garantizará que esta vivo. 

 Para los profesionales el tiempo se mide en el número de pacientes citados por día, en los días de guardias, las fiestas libres, los turnos… ¡¡qué maravillosa habilidad la de poder construir una vida fuera cuando uno no sabe ni cuántas noches va a dormir en casa!!


Para mí el tiempo ha consistido en las horas que pasaba escuchando las experiencias relatadas por los pacientes y sus familias, intentando ayudarles a tener otra visión, a explicarse la situación de una manera más aceptable, a explorar aspectos no contemplados en ellos, a buscar los recursos que tenían para enfrentar esto, a combatir el MIEDO y confiar en la VIDA. Las horas con los alumnos, trantando de trasmitirles confianza para descubrir todo lo que se puede hacer y sacar de sus historias sus mejores versiones para que les sirvieran de gran orgullo. Las horas con los compañeros compartiendo casos, cosas, bromas, penas, café, aperitivo, comida, tarta… Mucha gente comenta que al entrar en nuestro despacho siempre hay buen ambiente, y eso es lo que siempre hemos intentado.

Continua en la siguiente entrada....

Carta de despedida 2013-II

Parte II

Viene de la entrada anterior...

De entonces, de cuando empecé, me acuerdo de algunos pacientes:

 - Recuerdo a JMP (17años) paciente de la Dra Lianes que tenía un tumor germinal, llevaba "todo muy bien" desde el punto de vista psicológico, nunca se desanimaba a pesar de no contar con el apoyo de su familia, de que su padre le culpara por estar enfermo y de lo mal que lo pasó con los tratamientos. Me acuerdo de las conversaciones que teníamos, parecían "poco profesionales" pero con el tiempo descubrí que esto se llamaba relación "terapéutica" y era fundamental para establecer la confianza que hace falta cuando luego quieres "ayudar" o "intervenir". Y me acuerdo muy bien como un día su doctora habló con él de la sedación y él accedió.
- recuerdo a una chica a la que acompañe en la terapia de duelo al haber perdido a su  marido en su segundo aniversario de boda y como pudo empezar a elaborar la pérdida a raíz de despedirse de la posibilidad de ser madre.
- recuerdo a un padre A.L. que nos fue relatando por escrito lo que sintió  durante los dos años que siguieron a la muerte de su hija.
- recuerdo a ese chico que quería ser tenista, esa mad

re (M.B.) que tenía hijos pequeños, esa gemela que no quería dejar a su hermana, ese emigrante, que quería volver a su país, esa chica que jugaba al baloncesto y después de cortarle la pierna se hizo entrenadora, esa mujer que me enseño lo que eran los chakras, ese hombre que se casó, esa hija que se pudo despedir, ese hombre que escribía poesía, …) y tantos y tantos más…


Recuerdo a muchos pacientes que lucharon con ilusión de ver su vida sin enfermedad, algunos lo lograron. Recuerdo otros que sacaban su mejor sonrisa,  los que se derrumbaban, los que no querían ver lo que pasaba, los que hacían de los médicos sus mejores aliados, de los que se enfadaban con todo el mundo, de los que “solo” pedían…. Un poco de… de los que lo conseguían, de los que se resignaban al no conseguirlo, de los que se arreglaban con sus familias, de los que no querían saber nada, de los que sacaban fuerzas de flaqueza y de los que no entendían que les estaba pasando… y de las familias rotas por el dolor, familias desafiadas y con ganas de aprender recursos, familias con ilusión por  aprovechar este tiempo, familias asustadas que no confíaban, familias que sacaban de dónde pensaban que no había, familias rotas para siempre y otras reencontradas, buscando maneras de reconstruirse…
En fin todas las respuestas posibles que el ser humano puede tener ante la adversidad, ante el dolor, ante el sufrimiento, ante la impotencia, ante los límites humanos, técnicos y científicos, enfrentándose al límite.


 Y yo con ellos he aprendido, he crecido, he llorado, he luchado, me he peleado, me he resignado, he respetado, he gritado, he acompañado, he huido, he enseñado y enseñado…. He vivido tantas cosas en el hospital que no se puede considerar que fuera solo “mi vida profesional”, porque cuando entras por la puerta y te pones la bata, esta no te protege, esta forma parte de ti. Lo difícil no es ponerse la bata, la mayoría la llevábamos puesta antes de elegir nuestra profesión, lo difícil es QUITÁRSELA. Por eso creo que cuesta despedirse, cuesta  dejarlo. Te da la sensación de que vas a perder esa parte de tu vida ahí vivida. Como si todas esas experiencias y aprendizajes solo pertenecieran a ese lugar y quizá sea así ¿no sé?, porque con el tiempo también me he dado cuenta que lo que se vive en el hospital, pertenece al hospital, a ese mundo, a esa “casa”, y no por todo el tema de la protección de datos y todas esas cosas, no, es porque cuando intentas comentarlo fuera, la gente no te entiende; te dicen “que ¿cómo puedes?”, que no les cuentes eso, que ellos no podrían, que qué valor hay que tener, y tú no sabes muy bien porque dicen eso, porque tu solo les estas contando lo que te pasa todos los días, así que poco a poco dejas de contarlo y solo lo comentas con los “compañeros” de la “casa”. Por eso muchos se casan, para poder hablar el mismo idioma en casa, para sentir que lo que dicen, sienten, hablan o piensan, no es tan raro.

Carta de despedida 2013 - I

Parte 1

Madrid Jueves 13 de junio, 2013
Queridos amigos, queridos compañeros, queridos todos:


Os leo estas líneas porque quería despedirme de vosotros de alguna manera. Y si de algo creo que he aprendido en el hospital es de las despedidas. Normalmente, cuando alguien se va del Servicio, es raro que se despida, siempre me había parecido curioso, ahora lo entiendo más. Para mí es difícil despedirme de un lugar que ha significado tanto en mi vida, un lugar al que tantos llamamos casa, somos "de la casa", para lo bueno y para lo menos bueno, y esto de despedirse va por ahí. Es difícil pensar que dejas un sitio donde has vivido tantas cosas y si no te despides parece que siempre puedes volver, claro, si hay personas que ni saben que te has ido...

 Tengo recuerdos del hospital desde que tengo uso de razón, bueno y antes, nada más nacer pasé un periodo largo en la incubadora, las estadísticas decían que no sobreviviría, pesaba menos de un kilo, había nacido antes de tiempo. Ya ahí me acostumbre a estar cerca de la puerta al otro lado. Así que el hospital fue mí primera casa. De lo que si me acuerdo es de muchos domingos acompañar a mi padre al hospital y mientras él veía los pacientes ingresados nosotras (mi hermana y yo) nos quedábamos en el despacho dibujando o revisando los cajones a ver si encontrábamos alguna cosa divertida. De entonces recuerdo que me extrañaba el olor al entrar y no me gustaba la sensación, me parecía que el sitio era frio, las mesas viejas de metal, la luz fría, los pasillos vacíos, me daban algo de miedo, solo alguna vez veíamos a alguna enfermera que nos trataba con cariño.

Nunca pensé que trabajaría allí. De esa época también me acuerdo de papá contándonos casos, historias de pacientes que sufrían (y él con ellos), supongo que ya entonces empecé a interesarme por esas historias...

Cuando cumplí 18 empecé a trabajar ayudando en la consulta de mi padre y empecé a tratar con pacientes, aunque mi función se limitaba a organizar, ser amable con ellos y hacerles el tiempo lo más agradable posible y eso es lo que he seguido haciendo desde entonces.

 Mientras estaba allí trabajando estudié mi carrera de psicología, la disfruté mucho, aunque en el primer año, la vida me presentó otra gran experiencia de aprendizaje y de dolor. Me enfrenté a la pérdida brusca, repentina e inesperada de mi madre. De ahí en adelante traté de "aprender de la pérdida" de buscar la manera de estar mejor, de hacer que la vida siguiera adelante con algún sentido, de que mi familia siguiera siendo eso, una familia. Todo lo aprendido entonces combinado con lo estudiado en la carrera lo he podido trasladar a las muchas familias con las que he trabajado durante todo este tiempo.

 Al terminar la carrera en el año 1995, empecé a ir al hospital a ver el trabajo que llevaban tiempo haciendo algunos psicólogos. Entonces estaba Paco Gil, marido de Pilar Lianes (oncóloga). Me acuerdo de esa época, mis sensaciones al ver los pacientes; sentía extrañeza (por las situaciones tan anómalas), pena (por lo que vivían), dolor (por las sensaciones físicas), angustia (por no poder controlar mis lágrimas), impotencia (por no poder cambiar nada), rabia (por todo), asco (por la degradación física)... Y a la vez sentía muchas ganas de poder hacer algo para poder estar ahí y ayudar, acompañar, consolar, explicar, aliviar, apoyar, cambiar algunas cosas que les pasaban a tantas personas y tantas familias. 

 Para tratar de luchar contra el sentimiento de impotencia he estudiado y  estudiado, he hecho infinidad de cursos y asistido a muchos seminarios. Me hice especialista en Terapia Familiar, lo que me ayudó a entender los sistemas y las relaciones, luego aprendí del lenguaje del cuerpo y de cómo leerlo  y utilizarlo (con el psicodrama) y desde ahí pude colocar la enfermedad en otro sitio, pero esto creo que lo sigo aprendiendo, porque todavía estoy en ello, luego me hice con herramientas para que la mente pudiera controlar algunos aspectos del cuerpo y con la hipnosis pude estar mejor y ayudar a que muchos pacientes transformaran sus sensaciones y sus vivencias del tiempo, luego aprendí del duelo y del saber acompañar. También aprendí a cuantificar, medir y contar lo que iba pasando y así pudimos publicar y enseñar y tratar de hacer llegar nuestra experiencia a los alumnos, a las enfermeras, a los médicos. Y por supuesto he analizado en varias terapias que me apoyaban todo esto que he ido atravesando.

He aprendido de la importancia de que el profesional este bien, de cuidarlo, de lo mal cuidado que esta y de la poca conciencia que tiene este de requerir cuidado. He visto tanto profesional herido y tan mal herido. Estas profesiones de ayuda son de alto riesgo y como tal deberían tratarse, pero ese también es otro tema….

miércoles, 11 de enero de 2017

HASTA DONDE LLEGA LA VIOLENCIA OBSTÉTRICA

He estado reflexionando acerca de esta "situación" que recientemente se ha dado en llamar violencia obstétrica...

Muchas personas se sienten extrañadas cuando lo oyen y no pueden entender a qué se refiere, lo que las palabras individualmente trasmiten, es difícil unirlo en un concepto. Pues si, existe la violencia en el contexto de la obstetricia, en concreto en todo lo que rodea a la mujer gestante y esta situación se agrava en el momento del parto. Existen numerosísimos testimonios y ahora también van apareciendo denuncias.

¿Por qué extraña esta situación? porque es tan común que se considera "normal" y también "correcto". Igual que hace unas décadas considerábamos "normal" que a los niños se les pegara en el colegio cuando no se sabían la lección. No significa que si escuchamos la historia con detenimiento y pudiendo prestar atención a las emociones que la mujer ha sentido y que nosotros tenemos, no nos demos cuenta de que algo de lo que pasó no esta bien. Pero luego viene la parte en la que lo justificamos, lo minimizamos, decimos que los dos están bien y ya esta. No. No esta. No están los dos bien. La experiencia vivida y atravesada por los dos y por las demás personas que estuvieran presentes, queda grabada para siempre en las memorias implícitas, somáticas, además de las vivenciales y traumáticas. El bebé, ese nuevo ser humano que llega a este plano se encuentra con que esta es la manera en que empieza a ser tratado. Se le mira como un dato (frecuencia cardíaca, número de ..., semanas de gestación, sexo....) y de ahí pasa a ser evaluado si esta en la posición adecuada, si esta avanzando a buen ritmo... sin tener en cuenta sus peculiaridades, su historia concreta, su situación, la manera en que ha sido concebido, el viaje que lleva durante toda la gestación, las emociones que le han rodeado...

Lo que propongo y procuro hacer es:

- Tener espacios adecuados para compartir las historias que no han sido tan adecuadas, ni respetadas y así poder ser sanadas y no seguir transmitiéndose.

- Dedicarnos a difundir las historias y experiencias en las que si ha existido respeto profundo por la vida del ser que nace y de la mujer que pare y de las personas que acompañan en esta experiencia, sean estos profesionales y/o personas cercanas.


Desde este compartir nos iremos acostumbrando e integrando las historias de respeto, donde los protagonistas son el bebé y su madre en este momento único. Donde el ritmo lo decide la naturaleza, el tiempo no existe, la velocidad se ralentiza y se entra en ese espacio tiempo de la creación, de la vida, de la Divinidad. Es verdad que a veces nos encontramos inseguros en este lugar, porque es un lugar incierto y bastante desconocido y esto lo podemos confundir con "lugar inseguro" y ahí es donde se disparan nuestras alarmas y volvemos a encender el cronometro, afilar la regla, preparar el antiséptico y protegernos con los guantes y la bata.

Todo esto va encaminado a que podamos vivir y dejar a nuestros hijos una sociedad con menos violencia y esto se aprende, no desde la cuna, sino desde los brazos amorosos y firmes de nuestra madre.

Deseandoos un día lleno de momentos de Paz.

Escrito el 18/9/2014

Para más información puedes entrar en

https://www.elpartoesnuestro.es/informacion/campanas/observatorio-de-la-violencia-obstetrica

Tema abierto a mucho trabajo por hacer, mucho por reflexionar y  mucho por sanar.